Pausa dramática #11
Así empezó todo
Siempre he pensado que las películas que más te marcan son las que ves a una edad en la que todavía te estás formando. Pasa igual con la música, porque los grupos de la adolescencia suelen acompañarte siempre, las letras de sus canciones las tienes grabadas a fuego (es casi imposible memorizar letras ahora, pero las de hace 30 años salen solas) y siempre esperarás ese concierto de reencuentro y nostalgia. O, por lo menos, todo esto me pasa a mí. Hace algunos meses que pienso en escribir sobre aquellas películas que me volaron la cabeza de muy joven, que moldearon mis gustos en cine y que me acompañan para siempre.
En mi caso esas películas se remontan a mis años universitarios. Seguramente un momento en el que el cine pasa de ser puro entretenimiento a algo más. Todas ellas me confrontaron con emociones complejas, personajes fuera de la norma, realidades nuevas y finales nada felices. Buscaba historias no complacientes que me sacudieran y lo sigo haciendo, aunque es difícil encontrar películas que lo hagan tan intensamente como entonces. Como son títulos bastante conocidos, más que hablaros de ellos os voy a explicar lo que me provocaron o enseñaron.
Réquiem por un sueño (Requiem For a Dream) (2000) - en Prime Video
Recuerdo salir del cine temblando literalmente, intentando procesar tanto pinchazo en vena, tanta pupila dilatada, tanta angustia, ansiedad y devastación. Se estrenó en España en marzo de 2001, yo tenía 19 años y claro, sabía lo que eran las drogas y las adicciones en general. Lo que quizá no sabía es la espiral de autodestrucción que pueden crear y que el cine podía contarlo de esa manera.
Y eso Darren Aronofsky lo plasmó a la perfección. Con un montaje frenético que no te deja respirar, prácticamente inmersivo, diría. Un bombardeo sensorial que consigue ponerte en la piel de los personajes de Jared Leto, Jennifer Connelly y Ellen Burstyn, que pocas veces han estado mejor en pantalla. No la he vuelto a ver pero el impacto me dura 25 años después.
Rompiendo las olas (Breaking the Waves) (1996) - en Filmin / Bailar en la oscuridad (Dancer in the Dark) (2000) - en Filmin
Lars Von Trier, claro. ¿Quién si no puede dejarte hecha polvo, convencida de que la vida es cruel y la especie humana un despojo? Bueno, Haneke, que viene justo debajo. Rompiendo las olas fue una proyección en clase de crítica de la universidad. Mi primera crítica, de hecho. Lo que cuenta la película es abominable se mire por donde se mire, un cóctel de religión, amor desmedido y enfermedad muy poco ético. Pero me fascinó, qué le vamos a hacer.


Luego se estrenó Bailar en la oscuridad. Fuimos a verla con un grupo de amigas de la clase. No olvidaré nunca que mientras yo sufría con la terrible historia de Selma-Björk, algunas de ellas se reían. Risa nerviosa, quizá, de no entender lo que estás viendo. Para mí, el impacto fue muy fuerte. No solo la historia, la forma. El musical enfermizo. Algo totalmente nuevo e irrepetible.
Funny Games (1997) - en Movistar+ / La pianista (La Pianiste) (2001) - en Movistar+ y Filmin
Seguimos con pelis polémicas e indigestas. Está claro que a finales de los 90 y principios del 2000 hubo una buena cosecha. Algo bastante impensable ahora, por cierto (qué pena). Funny Games la vi en un ciclo que hicieron sobre Michael Haneke en la Filmoteca de Catalunya. Confieso que estuve a punto de salir de la sala, no podía soportar la angustia. Pero me quedé y no me arrepentí.


¿Por qué perturba tanto esta película? Porque no solo muestra la violencia, si no que te hace cómplice como espectadora, y eso es horrible. Casi al mismo tiempo vi La pianista, que por entonces llegaba a los cines. Una historia de represión sexual y masoquismo. Retorcida, descolorida y que te deja del revés. Esta película me hizo devota de Isabelle Huppert, y diría que ella tampoco ha superado ese papel.
Celebración (Festen) (1998) - en Filmin
Familia y trapos sucios. Pero nunca lo habíamos visto de esta manera. Cámara en mano (fue la primera película del movimiento Dogma 95) y metiendo al espectador en la casa familiar como si fuera un pariente más. Desde entonces me encanta el cine escandinavo, su manera de abordar las relaciones familiares y los temas incómodos.
Secretos y traumas que salen a la luz en un momento de celebración. Esta película también fue el descubrimiento de Thomas Vinterberg, un director al que no he dejado de seguir y que nunca falla.
Todo sobre mi madre (1999) - en Netflix y Movistar+
Hay un antes y un después de ver esta película. Se convirtió automáticamente en una de mis favoritas en la vida. Es posible que no hubiese visto mucho Almodóvar previamente y claro, pocas de sus películas concentran tanto su universo emocional y estético como esta. Cada plano es brillante, cada diálogo es memorable. Lloras, ríes. Formas parte inevitablemente de esa familia escogida de mujeres en crisis.
Para mí es una película perfecta, no importa las veces que la vea. Siempre voy a llorar cuando Manuela llega en taxi a Barcelona (una Barcelona que no muestran las postales turísticas) mientras de fondo suena esta canción.
Los amantes del Círculo Polar (1998) - en Movistar+ / Lucía y el sexo (2001) - en Prime Video, Disney+ y Movistar+
Ay, ese Medem. Cuánto nos gustaba y nos inspiraba. Su poesía visual y sus personajes medio místicos. Najwa Nimri y sus frases susurradas, los paisajes árticos y mediterráneos (hasta fui a Formentera a buscarlos). He puesto estas dos películas pero también podría incluir La ardilla roja, Vacas o Tierra. Todas me despertaron cosas.


Julio Medem fue para mí la puerta de entrada a un cine emocionalmente desbordado. Conceptos como el azar, el deseo, la memoria… Personajes arrastrados por todo esto. Su cine no tenía miedo a ser intenso y eso cuando eres muy joven cala hondo.
Martín (Hache) (1997) - en FlixOlé (ahora dentro de Prime Video)
Creo que es una película muy generacional. La vi alquilada en el videoclub y la conexión fue instantánea. Fue como encontrar unos personajes muy alejados de mí a los que comprendía perfectamente, que transmitían aprendizajes sencillos pero profundos. Un cuarteto perfecto formado por Juan Diego Botto, Cecilia Roth, Eusebio Poncela y Federico Luppi. Verano y conversaciones.
Si Medem me empujaba a sentir a lo loco, la película de Adolfo Aristarain se sentaba a mi lado y me decía: “mira, esto es lo que hay”. Con frases lapidarias de una lucidez brutal.
El mar (2000) - en Filmin
Para acabar, vuelvo a otra película perturbadora y bastante olvidada. De nuevo, la descubrí gracias al maravilloso videoclub. Una película oscura y malsana, como son las mejores de Agustí Villaronga, sobre el encuentro y doloroso descubrimiento de la homosexualidad de dos personajes perdidos en un sanatorio para enfermos de tuberculosis en la posguerra.
Villaronga no busca empatía fácil. Te coloca frente a personajes rotos y te obliga a aceptar que no todos los daños tienen reparación. En El mar nunca se ve el mar, nunca sales de esas cuatro paredes densas. No hay horizonte.
Este texto me ha supuesto un buen viaje. ¿Quién era yo hace 25 años y cómo veía el cine? Lo que tengo claro es que mis ganas de descubrir nuevas películas que me remuevan siguen intactas. Sería muy guay si queréis compartir las que os marcaron a vosotros, si sois de mi generación igual compartimos algunas. ¿Os animáis?








Trainspotting i Naked, de Mike Leigh!
Amé tus reseñas me encantaron, recientemente dije mi reseña corta de réquiem for a dream, si te interesa leerme, aquí dejo el link🥹🫂 https://substack.com/@saldemar2/note/c-190859608?r=70wzic&utm_medium=ios&utm_source=notes-share-action